Habilidades digitales: clave para responder a la “virtualidad obligatoria” en tiempos de contingencia por COVID19

Por Verónica Benítez Pérez @vero_benitezp

La emergencia sanitaria por #COVID19 llegó de lejos, para instalarse inesperada pero sorpresivamente en nuestro país, obligando a parar, a cerrar y a cambiar nuestra cotidianidad. A partir de marzo 23, y en algunos lugares unos días antes, las universidades cerraron sus espacios físicos para dar lugar a nuevas formas de continuidad de la enseñanza, en una virtualidad obligada por las circunstancias.

Nuestra universidad, la #UAEMex venía trabajando en un modelo presencial de la docencia que no se había cuestionado en décadas, pero que sin embargo tenía que dar respuesta a esta emergencia sanitaria, para no parar y continuar con las actividades de enseñanza.

En tan solo unas semanas se tenían que vencer los prejuicios de incorporar la tecnología en el proceso de enseñanza (en los programas presenciales). Es un trabajo arduo descubrir exactamente qué impide que docentes y autoridades académicas incorporen todo un conjunto de herramientas tecnológicas para impartir clases, aún si el modelo es presencial. ¿Son prejuicios, es la edad de los docentes, es desconocimiento del menú de opciones para facilitar la docencia, incorporando herramientas y desarrollos digitales en sus clases?

Para responder a esta y muchas preguntas más, nada mejor que analizar lo que ha sucedido en nuestro espacio universitario. El diagnóstico real, sin maquillaje de cómo nos encontramos, qué tenemos y de qué carecemos, nos permitirá adecuar nuestro trabajo, en un antes y un después de #COVID19.

El primer paso para identificar si contamos con habilidades digitales que permitan interactuar con herramientas diseñadas para el trabajo en línea, cursos interactivos con contenidos diseñados en plataformas especializadas y para varios dispositivos tecnológicos, consiste en lo que he llamado la configuración del perfil digital del docente. No es solo el registro de información en una plataforma, sino reconocer a la información con la que ahora las cuentas de correo, las carpetas compartidas, las plataformas colaborativas y las plataformas vinculadas, podrán hacer que el docente se encuentre con sus alumnos, colegas, expertos, etc. en el espacio virtual.

Para lograr ese encuentro es necesario contar con información que, desde el principio, permita reunirnos: correos electrónicos (de preferencia institucionales), redes sociales, plataformas de administración de contenidos, pueden ser las mejores herramientas para mudar el aula física a un espacio virtual.

Cuando se inicia un curso se tienen que brindar los datos que permitan estar comunicados, aún si el curso es presencial; pero este fue uno de los principales problemas de respuesta en la comunidad. Si el docente no contaba con la información (llave) para generar un espacio alterno de trabajo con una herramienta virtual, se complicaba la respuesta inmediata.

¿Cómo se encontraba la comunidad docente al inicio de la contingencia?

Para darnos una idea, hace un año exactamente se elaboró una base de datos que registró cuántos profesores investigadores de la UAEM tenían bien gestionado su perfil en Google Scholar. La base de datos analizada en mayo del 2019 mostraba 515 investigadores con reconocimiento del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), todos profesores de planta en la UAEM y con una destacada trayectoria. Los investigadores son de diversas disciplinas, categorizadas según la OCDE . Se seleccionaron como una muestra representativa por su alto nivel académico, pues el 100% cuenta con estudios de doctorado, y porque se presume que están en la vanguardia de conocimiento de técnicas y herramientas que favorezcan su labor docente y de investigación.

Google Scholar registra cada vez que el trabajo de un investigador es citado, para lo cual el investigador necesita crear un perfil, asegurándose de que tiene personalidad reconocible en Internet, escribiendo correctamente su nombre y proporcionando los datos de correo electrónico de la institución para la que realiza su trabajo de investigación. Así, la plataforma contabiliza el número de veces que su trabajo académico y científico es citado por sus lectores, para incluirlo como referencia en otras publicaciones. Que el trabajo académico y científico de un investigador sea leído, citado y replicado, es uno de los objetivos principales de “hacer ciencia”. (Índice H: ¿es necesario explicarlo?)

También se hizo una búsqueda del código ORCID. En este caso se trata de un identificador digital único para investigadores, que se gestiona de manera personal y que permite también agregar personalidad digital a cada miembro de la comunidad científica mundial.

La #UAEMex reconoce la importancia de ambos registros –Google Scholar y ORCID– al otorgar a los investigadores un puntaje en su esquema de incentivos, de modo que queda clara la importancia que la propia institución les concede.

Si los integrantes del SNI de la muestra seleccionada tenían bien gestionado su identificador ORCID y su perfil en Google Scholar, se consideraba un buen indicador de perfil digital, y de ello se podía derivar que –en principio– contaban con habilidades digitales para trabajar en plataformas digitales académicas, redes sociales digitales académicas, que les permiten dar a conocer su trabajo y poder interactuar con sus lectores.

Como parte de los resultados encontramos que los investigadores prefieren gestionar su perfil en Research Gate, una red social privativa, que no tenemos certeza acerca de si los datos serán o comercializados (como, de hecho, sucedió recientemente con Academia.edu); además, dado que se trata de un sitio de autoarchivo, no se tiene la certeza ni de que los documentos ahí alojados cuenten con los derechos de depósito y distribución, o incluso de que puedan o no ser de corte académico.

En resumen, se encontró que solo 210 investigadores tenían perfil en Google Scholar. Esto representa solo un 40% de la muestra como se observa en la siguiente gráfica. También se encontró que solo el 84% tenían su perfil en ORCID , aunque no bien gestionado y no vinculado a su perfil en Google Scholar, con lo cual no se pueden vincular ambas plataformas.

Si el lector interesado tiene interés en conocer más datos puede acceder a este enlace: https://imgur.com/a/H2SA1wu.

Este breve acercamiento al perfil digital de una muestra de docentes en nuestra universidad, si bien aún recién muestra resultados preliminares, permite reconocer que no toda la plantilla docente vive en la red.

Por otra parte, el mes de abril se aplicó una encuesta a un grupo de 23 estudiantes de la Facultad de Contaduría y Administración, de la carrera de Informática Administrativa, poco antes de que se cerrarán los espacios físicos, para conocer cuál era su situación para continuar con las clases virtuales.

De 23 alumnos –que son el promedio de grupos en la #UAEMex– contestaron la encuesta 20 alumnos. Los tres que no la contestaron es porque no cuentan con internet (2) y 1 no ha contactado por ningún medio a la titular del grupo, situación por demás preocupante. A la pregunta de si se encontraban trabajando en sus asignaturas, de 6 materias inscritas en el periodo 2020A, solo el 30% reportó estar trabajando en modalidad virtual en 4 materias. El 5% en dos materias, el 20% en 3 materias, el 20% en 5 materias, otros 20% en 6 materias.

¿Por qué no se encuentran trabajando en todas sus materias? Se pueden encontrar diferentes respuestas, relacionadas todas con la carencia de habilidades digitales para moverse a una virtualidad obligada.

La encuesta completa se puede consultar en la siguiente liga: “Inventario Personal de conectividad y habilidades digitales”: https://es.surveymonkey.com/results/SM-SZPB9KVX7/

Brecha digital

La brecha digital se define como la desigualdad en acceso a la tecnología, las condiciones distintas de uso de los dispositivos y las competencias o habilidades para usar la tecnología, evitando los riesgos inherentes a un mal uso de los mismos, o no tener el conocimiento para potenciar su uso.

Las universidades públicas –como la #UAEMex– no han hecho esfuerzos contundentes para reducir la brecha digital en la comunidad… alumnos y docentes pueden encontrarse en alguna de ellas.

El acceso a internet limitado por las regiones del país en donde la infraestructura no proporciona este servicio es una limitante muy importante; no contar con equipo de cómputo para utilizarlo en casa son las amenazas que comparten los alumnos.

Pero los docentes tienen un reto: desarrollar competencias en el uso de la tecnología, aprovechar las máximas ventajas de cada herramienta y apropiarse de las mismas para “contagiar” su práctica docente de lo mejor de las herramientas digitales.

Después de que pase esta contingencia, nada debe ser igual. Profesores y alumnos tendremos que aportar las mejores experiencias para que se puedan integrar en políticas a mediano y largo plazo, a fin de que por fin el “chip” digital se quede instalado en la práctica docente, y con ello la universidad pública se transforme, a favor de brindar educación de calidad en un mundo que integra la tecnología en la vida cotidiana. La educación no puede quedarse atrás.

Nos interesan tus comentarios en este Blog que es un espacio de reflexión sobre temas de Comunicación Científica #BlogShareKnowledge.

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