Nuevos patrimonios

Previo a la contingencia sanitaria derivada del #COVID19, observamos que las condiciones para aceptar “nuevos legados” –tales como los vinculados con las marchas del #8M– se relacionan con el contexto histórico-político de nuestra sociedad. Dichas condiciones impiden el reconocimiento del legado intrínseco al propio movimiento social, ya que su voz, sus propuestas y peticiones (así como la forma en que ello se expresa) no guarda concordancia con el ethos que comparten los grupos de poder, que son quienes –al final del día– deciden qué pasará a la Historia (con mayúscula), qué no, y cómo.

Una gran cantidad de manifestaciones artísticas tienen implícito un trasfondo político. El arte es, de alguna forma, un mecanismo para manifestar desacuerdos frente al status quo, para poner en tensión aquello que se considera “normal” o dentro del “orden”. El arte hace visible aquello que no es puesto a discusión, y se enfrenta a la realidad de una forma subjetiva, a través de su espectador.

El artista expresa, desde su perspectiva, una forma de acercamiento a la realidad; pero de una manera distinta a la que se expresa cotidianamente. Y es aquí que nos surge una duda:

Una acción política, ¿puede ser una manifestación artística? En qué momento una acción política, –como lo puede ser una manifestación o una protesta social– cruza esa línea entre la manifestación política y el acto vandálico.

Un ejemplo clarísimo son los hechos sucedidos en las manifestaciones del pasado 9 de marzo en México, o las diversas manifestaciones hechas por los grupos estudiantiles feministas de las universidades del país.

Las estrategias a las que se ha recurrido para manifestar el disenso respecto de las políticas de atención a la violencia de género, así como su operatividad; han sido acremente criticadas no sólo por los propios grupos en el poder (sin importar si son derecha o de izquierda), sino también por amplios sectores de la población que –si bien dicen estar de acuerdo con la causa– critican “la forma” que toma la protesta social, denuncian acremente el “daño al patrimonio nacional” que significan las pintas, mismas que son calificadas de vandalismo.

Algunas de las críticas van desde la falta de empatía, hasta el franco disenso y consecuente reprobación del movimiento, lo cual se ilustra con las palabras emitidas por el propio Presidente de la República Mexicana, el pasado 17 de febrero del 2020, luego de que un grupo de mujeres se manifestara afuera de Palacio Nacional y pintara las puertas del recinto con leyendas como “México feminicida”, al respecto, el Presidente Andrés Manuel López Obrador pidió a las feministas,

[…] con todo respeto”, que no pinten las puertas y paredes de los monumentos.

El Informador, 17-02-2020.

Si tomamos en cuenta que las pintas son parte de expresiones que buscan focalizar la atención en el contexto generalizado de violencia al que enfrentan las mujeres mexicanas (y del mundo) día con día, el así llamado “daño a monumentos” es mínimo. Tan solo el propio Día de la Mujer (que recuerda los actos violentos cometidos contra mujeres por el hecho de serlo) en México fueron asesinadas al menos cinco mujeres. Entonces, las mismas manifestaciones de inconformidad por parte de aquellas quienes marcharon ¿No han sido entendidas, no se originan por la experiencia de grandes colectivos, no tienen legitimidad?

Hay quien se preocupan por los monumentos que recuerdan un valor histórico, un valor patriótico, y de representación de la mayoría. Exigir la dignidad, respeto y justicia es lo que representan esos monumentos, si no fomentan esa exigencia ¿Cuál es su propósito? ¿Por qué es tan difícil dar reconocimiento a un patrimonio con causas que no necesitan cuestionamiento en su validez?

Estas son algunas de las reflexiones que derivan de las lecturas siguientes:

Bibliografía

Macdonald, S. (2015) Is ‘Difficult Heritage’ Still ‘Difficult’?, Museum International, 67:1-4, 6-22, DOI: 10.1111/muse.12078

Pérez Rubio, A. M. (2014). Arte y política. Nuevas experiencias estéticas y producción de subjetividades. Comunicación Y Sociedad, (20), 191-210. https://doi.org/10.32870/cys.v0i20.226


Autores:

Imagen:

Estudiantes del curso “Taller de Investigación I”, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Autónoma del Estado de México.


Reflexiones de estudiantes en contingencia #COVID19: “Nuevos patrimonios” #ShareKnowledge #FCPyS #UAEMéx

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